28 de diciembre de 2015
El Teniente Comandante era, probablemente, el único que se tomaba en serio su trabajo en el centro de respuesta nuclear. Recién ascendido, quizás aún soñaba con los uniformes negros de la vieja URSS. Artem consideraba su destino bajo tierra una especie de castigo.


―Hay que estar atentos a todo―repitió el Teniente a su espalda, el fingió concentrarse más en la pantalla de radar―La situación en Paquistán es un jodido desastre, y si los saudíes intentan meter a su Fuerza del Escudo Peninsular, no quiero imaginar lo que podría pasar.

Artem asintió, en el fondo el Teniente tenía razón, eso sólo le jodía aún más. Como siempre, los radares no marcaban nada, todo estaba soporíferamente tranquilo y correcto. Tener la obligación patriótica de mirar fijamente pantallas que indicaban que todo iba bien, sin cambios, era tarea para un Sísifo moderno. Bostezó, y se cuidó de hacerlo mirando fijamente a la pantalla para que el Teniente Comandante no se diera cuenta.

El hombre de treinta años miró su reloj de pulsera.

―Las nueve y cinco, ¿y la llamada de las en punto?―preguntó.

Al lado de Artem, Yermolay sacudió la cabeza.

―No ha llegado.

El Teniente se giró con la mandíbula apretada.

―Entonces quiero una comprobación de todos los sistemas. ¡De todos!

―Teniente Comandante, señor―empezó Yermolay―Quizás sólo se trata de un retraso.

Nosotros no nos retrasamos, Votyakov.

Artem no esperó la orden directa, comprobó las lecturas de radar y el software de control de los detectores sísmicos. Ni una alarma, ni siquiera advertencias. El Teniente estaba comprobando un receptor de radio.

―La señal de control de Naro-Fominsk ha desaparecido del espectro―había preocupación en la voz del oficial―Señores, necesito un diagnóstico doble, y en menos de dos minutos. Votyakov, llama al Mando.

Artem reinició los sistemas para forzar un diagnóstico completo, escuchó a Yermolay colgar y descolgar varias veces el teléfono.

―No tenemos línea, Teniente Comandante.

El oficial se apartó de la radio.

―Tampoco responden las radios, todo el espectro está en silencio―se alejó por el pasillo de hormigón y desapareció en su oficina. Artem y Yermolay se miraron.

Una mañana jodida, nada más. No podía ser otra cosa. El radar no marcaba absolutamente nada, ni los detectores sísmicos, ni una sola alerta en todo el óblast de Moscú.

―Se ha caído la jodida zumbadora, eso sí que es raro―dijo Yermolay. Artem sacudió la cabeza.

―Tonterías, ya se cayó hace un par de años cuando reorganizaron el distrito militar. Es una reliquia de la Guerra Fría, nada más―señaló a su pantalla―No está ocurriendo nada.

El Teniente Comandante apareció con un par de tarjetas de plástico negro en una mano, tiró del hombro de Yermolay.

―Sube arriba y dile a los que estén de guardia que cojan unos prismáticos, salgan fuera y hagan reconocimiento visual de Naro-Fominsk. ¡Vamos!

Yermolay desapareció al trote por el pasillo, con cara de no comprender. El Teniente se inclinó sobre la consola de Artem, hundió su peso en la silla.

―Todos los sistemas están en verde, señor, nada extraño―informó él.

―El número veintiséis, lleva fallando dos semanas, ¿hoy?―preguntó el Teniente.

―Ni una sola vez, desde ayer a las cero-cero.

El oficial arqueó una ceja. Miró las pantallas, intentando atravesarlas para mirar el corazón del sistema operativo.

―Intenta imprimir―ordenó.

―No tenemos ninguna impresora en esta consola, señor―respondió Artem.

―Intenta imprimir, ¡cojones!

Seleccionó uno de los documentos de seguridad y trató de imprimirlo. Un microsegundo de carga y, nada.

―No hay mensaje de error―Artem ladeó la cabeza. El Teniente se puso en tensión y se incorporó.
―Es porque no es nuestro sistema, nos han jodido―golpeó la pared―Nos han jodido bien.

El oficial corrió hasta la radio, Artem siguió en la silla, tratando de provocar un error, de hacer reaccionar el sistema. Era complaciente e infalible, era un sistema falso.

―...hay humo, un montón de humo. Teniente Comandante, señor, sólo vemos humo―era una voz por radio.

Artem se acercó a la radio, vio al Teniente rastrear el dial, en busca de cualquier señal. Todo estaba muerto. La señal de control había desaparecido.

―Que todo el mundo vuelva dentro―ordenó.

Fue hasta el control de misiles.

―Deben haberse cargado un par de centros de respuesta, pero nosotros aún podemos...

―¿Señor?―Artem dio un respingo―No tenemos órdenes del Mando.

―Sí que las tenemos, y no han variado en setenta años―desbloqueó el control e introdujo una de las tarjetas de plástico negro.


Tres minutos después volaron las ojivas, y en tres horas todas las radios zumbadoras callaron al fin. 
17 de diciembre de 2015
Siete frecuencias de pitidos desagradables entremezclados con estática retumbaban en el dormitorio. A un volumen bajo (para que no se quejaran los vecinos) y repitiendo sus ruidosos graznidos a intervalos regulares. A Pao le fascinaban las radios zumbadoras, eran la razón por la que había comprado un equipo de radioaficionado. ¿Mensajes cifrados en las ondas? ¿Conspiraciones de espionaje mundial? ¿Ruido blanco para mantener ocupados canales importantes? La única certeza eran las señales agudas y rítmicas, los zumbidos, y las frecuencias de emisión. Un misterio no resuelto del mundo moderno, nacido en los cincuenta.

radio signal
  
Sus amigos no compartían la pasión de Pao por las frecuencias de ruido blanco, que a veces rompían su mutismo para recitar secuencias de números. ¿Comprobaciones aleatorias o mensajes en clave? No le importaba, ni siquiera le importaba comprender el misterio, sencillamente quería vivirlo, respirarlo y escucharlo, apuntar en su cuaderno los momentos en los que cada frecuencia quedaba muda o lanzaba una ristra de números. Quizás la explicación resultase decepcionante, frente a las posibilidades del misterio.

Silencio abrupto, Pao comprobó el ordenador. Era más cómodo escuchar las radios por internet. Las páginas habían dejado de cargar, en la barra de tareas junto al reloj el icono de conexión quedó gris, eclipsado por una dramática cruz roja. Comprobó los cables, reinició el router e incluso lo miró con furia, pero no recuperó la conexión. La maldita ISP, como siempre.

Encendió el equipo de radioaficionado y buscó la frecuencia de la única radio de ruido blanca que podía escuchar desde casa, un pequeño espacio en la Banda E de la OTAN, la habían triangulado en algún lugar cerca de Marruecos. Estática y silencio, la zumbadora había desaparecido.

Desempolvó el mando de la tele, casi todos los canales del digital habían desaparecido, ¿había tormenta? Pao se asomó a la ventana y vio un cielo despejado y tranquilo, con algunas nubes blancas y esponjosas. La antítesis del clima amenazador y creador de interferencias de onda. Siguió zappeando, las televisiones autonómicas emitían sin problemas: Programas de cocina con monjas y cine western.

Como mínimo, aquello era raro. En su móvil la red de datos había desaparecido también, adiós a la mensajería instantánea. La cobertura tampoco era ninguna maravilla, pero tenía. Miró al aparato de radio, la zumbadora de la OTAN en Marruecos no se había callado más de treinta segundos desde que la pusieran en marcha en 2019. ¿Qué demonios estaba pasando? Buceó por la agenda del teléfono y dio con el número de Fantasma, tres tonos antes de la respuesta.

―Charlie Foxtrot, no esperaba una llamada tuya.

―Ey tía, ¿tienes internet?

―Curioso que lo preguntes, se me cayó hace un momento.

―A mí también―respondió, miró de nuevo por la ventana.

―Las radios nacionales están muertas, sólo quedan las locales, tertulia deportiva y tal, nadie dice nada... espera...―se escuchó un crujido al otro lado del teléfono―Se han caído, un inhibidor del ejército supongo.

―Mierda, te llamo en un momento―colgó sin esperar la despedida y fue hasta el equipo de radioaficionado.

Radios de onda corta, del ejército, canales codificados. Volvió a sintonizar la frecuencia zumbadora de la OTAN en Marruecos, un silencio que le puso los pelos de punta. Algo le obligó a vestirse, Pao sacó una sudadera negra con capucha y tenis para correr de la montaña de ropa junto a la cama y se equipó para convertirse en fugitivo. Sonó el móvil, Fantasma otra vez. Pao miró a la ventana que daba a la calle, no se veía un alma, pero creyó escuchar ruido a un par de manzanas de distancia. Descolgó el teléfono.

―La zumbadora de Marruecos está muerta―anunció Fantasma.

―Lo sé, ¿y las demás?

―No lo sé, está todo caído, hemos vuelto a los cincuenta, amigo. En Gando están despegando cazas, y hay militares en las calles, supongo que ellos han inhibido la radio local.

Pao dudó un segundo y miró por la ventana, ¿una broma pesada de Fantasma?

―Me estás vacilando, ¿militares? ¿Otra guerra civil para el contador?

―No creo, nadie está proclamando que va a salvar España. Si es una guerra, y se han callado las zumbadoras, no será civil.

La espalda de Pao se sacudió con un escalofrío.

―Tú y tu puta teoría, te llamo en cinco minutos, a ver si en la calle saben algo.


Se asomó por la ventana, casi esperando ver las terribles estelas de vapor blanco. Nada. Fantasma siempre había dicho que las radios zumbadoras eran un sistema analógico de fail-deadly. Y ahora se habían callado.
16 de noviembre de 2015
El cyberpunk tuvo su auge durante mediados de los 80 y los 90, aunque goza de buena salud en la actualidad. Género de ciencia ficción distópica y noir, sus rasgos principales incluyen un mundo tecnológico con grandes diferencias de riqueza, escaso cuidado por el medio ambiente, trasfondo de agitación social, gobiernos corruptos y por supuesto la parte punk.

Pero no voy a contarte lo que es el cyberpunk, no, hoy vengo a decirte en qué predicciones acertó esa primera ola de los 80 y 90. Hoy vengo a contarte en qué y por qué tenían razón. Y como eso nos coloca en el lado de los futuros no deseables del espectro predictivo de la ciencia ficción.

shibuya night
8 de noviembre de 2015
―Ese ya es el tercero―preocupación en la voz de Sergio.

Víctor apartó el vaso de café. Lo apoyó sobre la mesa entre papeles, cables y pedazos de tecnología analógica. Le dio un par de vueltas, notando el calor a través del papel parafinado. Sergio estaba pálido, igual que él.

―Bueno, no lo va a empeorar―Víctor llevó el vaso a los labios y bebió mecánicamente.

psicoimagen

Miró la imagen en bucle del viejo televisor de tubo de rayos catódicos, se le pusieron los pelos de punta. Nunca se lo habían creído, no al principio al menos. Como buenos escépticos habían considerado que la única manera de comprobar los fraudes era intentando reproducir los experimentos. Una excusa, en realidad, para tontear con los voluminosos restos de tecnología de los noventa que medio barrio guardaba en sus garajes. Con un par de grabadoras de su colección reciclada, se colaron en el sanatorio abandonado y las colocaron allí. Encontraron las voces. Y cuando preguntaron, recibieron una respuesta.

Sergio miró de nuevo a las imágenes: caras atrapadas en las interferencias de retroalimentación de la imagen. Según su teoría, ondas errantes de emisiones perdidas que se materializaban en forma de imágenes aleatorias. Bueno, no explicaba los resultados de esa noche.

―Otro café―Víctor se levantó y paseó por la habitación a oscuras.

Le temblaban las manos. A Sergio también.

―Mi vieja toma lorazepam, igual...―apuntó.

Víctor le miró, se formó un amago de sonrisa en su cara. Volvió a ponerse frente al televisor. Allí estaba su propio rostro, deformado pero reconocible, castigado por la edad. Tendría unos cuarenta en aquella imagen fantasmal, frente a su propio yo de veinticinco que miraba a la televisión, congelado. Ellos habían conseguido algunas, borrosas y de mala calidad. Pero aquella, el Víctor cuarentón, era parte de una colección capturada por un grupo de aficionados a finales de los ochenta. Víctor había nacido en 1992.

―A lo mejor sólo se parece a ti, ¿sabes?

―No me jodas, mira los ojos. No es mi padre, ni mi abuelo. Soy yo.

Silencio, Víctor fue a tomarse otro café. Sergio se sentó frente a las grabadoras y el radiocasete. Play: ruido de interferencia y lluvia blanca, la voz de Víctor pregunta.

―¿Dónde están? ¿Quiénes son?

Un eco, una voz ronca malformada, vagamente masculina.

―...estamos al otro lado...

Fin de la grabación, Víctor se quedó mirando a Sergio, paralizado. Dejó caer el vaso de café.

―Ya sé lo que es―miró su propio yo distorsionado de cuarenta años―están al otro lado. Pero lo entendimos mal, más allá de aquí no hay nada―miró a Sergio, temblando―Nada, el vacío, ¡nada! Nos advierten. Por eso estoy yo ahí. ¡No son los que se han ido, son los que estan por llegar!
5 de noviembre de 2015
Cargó para empujar con todo el cuerpo el portón, pesado acero forjado y cristal con rejas. El aire de la mañana estaba húmedo, rodeó el edificio y caminó por la calle trasera que atravesaba varios bloques clónicos. Las paredes de hormigón liso estaban salpicadas de grafitis, escritura casi cuneiforme incomprensible para él. Folletos coloridos y octavillas de papel barato con prostitutas en blanco y negro alfombraban el asfalto. Gruesos ligados de cables colgaban de las fachadas, saltando de una a otra por encima de su cabeza, serpientes de plástico negro.
26 de octubre de 2015
Veronika se fijó en la puerta, a través de los claros en la pintura blanca descascarillada podía ver el color claro y manchado de lo que parecía pino. Era estrecha, de aspecto viejo, quizás eso que llamaban estilo colonial. Sí, definitivamente parecía colonial, se dijo. Era lo único que debía quedar de la arquitectura original. El ladrillo rojo-manchado por el cemento y la lluvia ácida de San Francisco-podría haber estado originariamente cubierto de paneles de madera, blancos y elegantes. Por encima del primer piso las placas de aluminio pulido de un conglomerado brutalista de apartamentos engullían la fachada.

interfaz neuronal cerebro

Miró los grafitis en la puerta: "Verde sobre pino y escamas de pintura blanca, artista desconocido" Acercó el brazo al pomo de latón justo en el centro de la puerta, pulido por manos sudorosas durante al menos una década. De la manga de su sudadera emergieron sus dedos de carterista, luego el resto de una mano pálida que se cerró sobre el pomo. ¿Tirar o empujar? Tragó saliva como si aspirase humo amargo y se reprendió. Miró hacia arriba: la imagen del aluminio pulido engullendo los viejos ladrillos le pareció una acertada metáfora de sus temores. Mierda, se suponía que ya se había decidido.

Frente al impulso de echar a correr, su cerebro y su orgullo impusieron el de empujar. La madera cedió y la puerta entreabierta reveló el azul neón del taller de Hostálek. Al fondo estaría el checo, con su traje de plástico amarillo y su chiva hortera. Y el implante de nervio óptico, junto al diminuto hilo plateado del detector de movimiento, y el microprocesador para engancharse en el cortex: 11 nanómetros de silicio. El pack ideal para subir de categoría en su trabajo. Se adentró en la luz azul, aluminio pulido engullendo viejos ladrillos.
21 de octubre de 2015
Crear contenido y ver como otros se apropian de él nunca resulta agradable. Para unos, lo doloroso es imaginar la pérdida de una fuente de lucro, para otros simplemente ver contenido derivado o incluso el propio sin que siquiera les mencionen. Sea como sea, todos estamos de acuerdo: el plagio duele.

Hay mecanismos para protegernos, mecanismos costosos y burocráticos como el registro de la propiedad intelectual. Pero también los hay disuasivos, ¿y si pudiéramos dejar constancia-legal y demostrable-de que fuimos nosotros los primeros autores de algo, y además de que lo creamos con una serie de condiciones de registro determinadas?
safecreative logo

Esto es SafeCreative: nos permite registrar nuestras obras audiovisuales y literarias en su base de datos, dejando constancia de la fecha y además del tipo de licencia con el que queremos que sea tratada (CC, ©, etc) tal y como explican en esta infografía.

Útil, aunque puede que registrar manualmente cada obra resulte tedioso. Nada de eso, SafeCreative está orientado al uso web y nos permite enlazar automáticamente al feed de nuestro blog e ir registrando todo lo que en él se publique. Veamos cómo:
14 de octubre de 2015
       Aovillado de lado contra la gomaespuma, junto al ruido y el calor condensado de los aparatos de soporte vital. Claustrofobia-privacidad entre cables, con correas de sujeción alrededor del pecho y los muslos. Los ojos clavados en la pantalla. La vibración constante del sistema de circulación de aire le aturdía. Fingía que leía, se engañaba a sí mismo mientras esperaba. Su PDA emitió la alarma: Ocho años, seis meses, trece días y catorce horas.

fotón

         Estaban a punto de salir del FTL. Se soltó de las correas y se vistió con el mono de tripulante, hombros rígidos con los parches de todos los países armadores y la palabra CHRONOS sobre el pecho. Botas magnéticas calzadas, cayó atraído a la pared más cercana. Trotó con esfuerzo, apartándose pelo grasiento de la frente.
10 de octubre de 2015
Un ebook que se puede tocar, esa es la llamativa propuesta de Seebook. El concepto resulta llamativo, una genial hibridación entre futuro y pasado de la literatura. Pero, ¿qué es realmente seebook?

seebook logo


Aún no he tenido la oportunidad probarlo (está en la lista de tareas pendientes) así que vamos a basarnos en la información disponible en La Red. Seebook es una tarjeta-la parte que se puede tocar-con un código descargable para un libro o documento en formato digital. Lo más atractivo para mí del concepto, hasta ahora, es que no tiene DMR. Puede descargarse en varios formatos de nuestra elección, las veces que queramos.
6 de octubre de 2015
         Estilizados y ligeros-(¡baratos!)-aerodinámicos, de aspecto mullido-(¡baratos!)-con lengüeta larga. Tejido blanco ribeteado con el color del claro del cielo reflejado en agua cristalina. A sólo quince euros. Sí, me gustaban esos tenis. Un momento, aquí los llaman zapatillas. Señalo, con ansiedad, fijándome más en el cartelito del precio que en las características que tan fugazmente pasaron por algún departamento secundario de mi cerebro. Señalo y espero, muy satisfecho. ¡Tío!―me digo―¡Te estás superando como consumidor avispado!

tenis de correr

         Señalo y no ocurre nada, los tenis (zapatillas), siguen en la estantería. Inmóviles, mulliditos y blancos.
17 de septiembre de 2015
<<Disclaimer//Esto no es una crítica literaria, es una opinión y una breve reseña sobre La Tierra Larga. Más parecido a lo que te comentaría un amigo muy emocionado que quiere recomendarte algo, muy diferente (espero) a lo que vomitaría algún escritor frustrado que es feliz con la columna de su EZine digital que se basa en criticar el curro de los demás//Disclaimer>>

la tierra larga portada


<<¿Qué es?>>
La Tierra Larga (Junio de 2012) es la primera en una serie de novelas de ciencia ficción, surgida de una colaboración entre TerryPratchett y Stephen Baxter.
15 de septiembre de 2015
La alarma chirría en los oídos, no sé si la jodida cosa se acerca. Cincuenta centímetros de acero viejo y policarbonato manchado me separan del vacío. La única luz, brillo azul eléctrico a través de una ranura de cristal escarchado. Vigilo-inmóvil-conteniendo aire con sabor a humo. El soldador convertido a lanzallamas apagado entre las manos, me tiemblan.

pasillo oscuro


Veinte metros de oscuridad y bultos engañosos, detrás está la exclusa. La alarma grazna, no queda tiempo. Camino agazapado, de reojo todo se mueve. Distingo la pegatina rusa: запереть. A mi espalda cruje el metal, giro. Mide tres metros y es todo negro, sus miembros como pistones y cables neumáticos, sus garras parecen aluminio. “Clic”, la chispa del soldador, lo levanto y rocío con gas inflamado, me quemo las cejas. Chilla más que la alarma y retrocede. Tengo cinco segundos. Me giro para correr, una silueta negra de tres metros contra la exclusa. Por eso estaba en todas partes, son dos.
11 de septiembre de 2015
Si has visto Ghost in the Shell, estoy seguro de que coincidirás conmigo al exclamar "¡P#t@ obra maestra!" Sí, y que razón tienes, hay que verla (quizás no tantas veces como yo) Pues hoy te traigo una pequeña curiosidad sobre la película.

batou bebiendo san miguel

¿Qué hace Batou bebiendo San Miguel? No, yo no me enteré leyendo curiosidades en los blogs, fue en una de esas madrugadas disfrutando de la película. Quedé petrificado, abrí los ojos enrojecidos y tuve que pausarla en el momento justo para fijarme en la lata. Después, tiré de wikipedia...

Según la wiki resulta que originariamente San Miguel es una cerveza fundada en las Filipinas en 1890, la cerveza española es independiente y fundada a finales de los años cuarenta. Y sí, San Miguel, la original y de Filipinas, es una cerveza ampliamente consumida en asia: Hong Kong, China, Indonesia, Vietnam y Tailandia. Y al parecer es especialmente popular en Hong Kong, ciudad en la que Ghost in the Shell está (implícitamente) ambientada. Misterio resuelto... ¡Ahora a presumir de anécdota por ahí!

8 de septiembre de 2015
         Siempre le sorprendía el silencio dentro de los maglev. El aparato se deslizaba sin la menor sacudida, dejando atrás la estación de Pordenone. Apretó contra su pecho la mochila con el escaso equipaje. Hora de alejarse de Italia y sus clanes corporativos durante una buena temporada. Esbozó una sonrisa torcida: una nueva huida, un poquito más de información acumulada. Había dejado el trastero del puerto-su hogar los últimos tres meses-vacío. No había perdido nada y lo había ganado todo.

tarjeta de memoria


         Rebuscó dentro de la mochila, apartando la ropa usada. Sacó la carpeta, papeles polvorientos y antiquísimos recortes de periódico. De uno de los recortes cayó un finísimo rectángulo negro:
6 de julio de 2015
Buceando en la red (a veces contengo la respiración y todo) me encontré con este fragmento de Página Dos, programa de RTVE que alguna vez me ha mantenido pegado al sofá cuando se cruza en la señal, en esos raros momentos en los que veo la televisión. Una breve reseña sobre las rutinas de algunos escritores. Resulta curioso ver las fórmulas que tiene cada uno, pero sobretodo me resulta curioso ver que parece imprescindible que exista una fórmula. ¡Toca seguir debuggeando la mía!

28 de junio de 2015
         ¿Qué hacía en la barriada un tío con pantalones de traje negros-de aspecto bastante caro por cierto-y camisa blanca abotonada hasta el cuello? Joven y moreno, rozando los treinta, el pelo castaño bien rapado como los demás miembros de la vasta legión de oficinistas a la que pertenecía. Mochila de deportes a la espalda y mirada de forastero. Estaba fuera de lugar, tramaba algo.

         Un fin de semana cojonudo, eso era lo que tramaba. A su alrededor en la plaza las farolas derramaban iridiscencia ambarina y perezosa que a duras penas lograba atravesar la llovizna con la que el cielo plomizo estaba salpicándolo todo. Desde los edificios clónicos pintados de gris las ventanas devolvían los sutiles destellos verdosos de los televisores sintonizados en el partido de liga. El extraño y tan fuera de lugar salaryman se sacudió y buscó algún portal en el que refugiarse, la lluvia le empezaba a calar. Tiró del asa de la mochila y se movió, incómodo. Pensó en la chaqueta del traje arrugada dentro de la mochila, tenía el logotipo de la compañía en la solapa. No podía arriesgarse.

salaryman

         Un estremecimiento le hizo sacudirse y tuvo que boquear aire varias veces para recuperarse. La familiar sensación del pulso irregular le golpeó en el pecho, la lluvia sobre la piel se hizo tibia en comparación con los sudores fríos. Arritmia, su corazón avisaba, como cualquier máquina, con irregularidades antes del fallo definitivo. Sacó de un bolsillo del pantalón su pastillero cromado y se echó dos pequeñas píldoras verdes a la boca. No ayudaban mucho, sólo calmaban las señales del inexorable deterioro de su músculo más importante.
11 de junio de 2015
               ¿Qué no era capaz? Quizás el Paulo que no llevaba cinco vodkas, pero él sí. Se encaramó al bordillo y vio como todos le miraban desde abajo. Esbozó una sonrisa, giró un poco la cabeza y con gesto grandilocuente le alargó el botellín a Tony.

―Sujétame la cerveza, que voy...

         Dio el salto, perdió el equilibrio y se quedó sin respiración. Sólo escuchó los gritos de la gente, después un parón brusco y ruido de muchas cosas blandas y viscosas rompiéndose. Parada cardiorrespiratoria y fundido a negro.

         Cuando volvió a abrir los ojos Paulo tenía ante sí un mostrador y un recepcionista. Estaba en un vestíbulo mal iluminado de un edificio que por lo menos tenía cincuenta años. El papel pintado de las paredes en algún momento había sido alegre, y ahora estaba cubierto con carteles de ánimo y de conciertos bandas de garaje cuyos nombres no había escuchado jamás. Bastante deprimente, más aún por el hecho de que intentaba no serlo, y de que no sabía cómo había llegado allí.

pasillo


         Llevaba desde que abrió los ojos sin respirar, inspiró en un extraño reflejo, fue entonces cuando descubrió que podía simular la acción pese a no necesitar aire. Parpadeó un par de veces, incrédulo. El recepcionista le hizo un gesto para que se acercase, camisa larga y desteñida, pelo engominado y gafas de pasta. Aquello no encajaba.
1 de junio de 2015
―Le metieron cinco balas en el cuerpo, y está muerta. Mejor, ¿realmente preferirías que estuviera detenida?―dijo Jumper.

No, nadie prefería que lo detuviesen y le aplicasen la Antiterrorista. Desaparecer con cinco dolorosas y desgarradoras incisiones de plomo caliente era mucho mejor que acabar en aislamiento durante semanas, recibir palizas que acabarían silenciadas y languidecer durante meses para finalmente ahorcarse uno mismo-ahorrándole el trabajo a los verdugos-en un último y desesperado chispazo de dignidad. Radix se sentó en la escalera frente a la puerta y hundió la cabeza en las manos. Fuera la lluvia arreció.
11 de mayo de 2015
Hace algunas semanas hablaba de lo genial que me había parecido LogOut y en particular lo curioso de que estuviera ambientado en Santa Cruz. Bueno, no pude podido contener mi curiosidad y me afané en contactar con Sergi Puertas, guionista del título, para preguntarle.

sergipuertas

Sergi Puertas es escritor y poeta, ha editado cuatro novelas y (obviamente) trabajado como guionista en novela gráfica y... vaya, que él mismo tiene una web y quién mejor para describirse, ¿verdad? Así que les dejo el link.
6 de mayo de 2015
         Nunca podía saber si era de día o de noche en su cuarto, porque tenía los cristales de la ventana cubiertos con gruesas capas de cinta americana negra. Willy miró el reloj a través de la neblina de su cerebro agotado, pudo distinguir las pequeñas manecillas cubiertas de pintura fluorescente. No le quedaba mucho tiempo. Contuvo un bostezo y dio el último sorbo a su cóctel de Adderall con Redbull. Cerró los ojos un segundo y se imaginó la taurina con dextroanfetamina corriéndole por las venas, acelerándole el corazón y fluyendo hasta el cerebro para provocar pequeñas explosiones de luz entre sus neuronas en penumbra. Como mucho tenía una hora antes de desmayarse y quedarse dormido. Resopló, una hora antes de morir.

post screen

         Ya había dejado un registro de lo mejor de sí mismo, incluyendo todo lo que había podido investigar sobre el sueño polifásico y el teléfono (y sus impresiones) de la chica que había conocido a las tres de la madrugada en La Facultad. La Facultad, el bar. De lo que era él, Willy 89, quedaría una fotografía y un diario digital de tres páginas en .odt para que Willy 90, fuera quien fuera, pudiera recordarle. La subida de la anfetamina le llegó como un suave latigazo cervical y una sensación de vértigo en la base del cráneo. Aprovechó aquel momento de falsa euforia para inclinarse sobre la pantalla del ordenador y poner a pantalla completa el visualizador del reproductor de música. Un baño de colores cayó sobre sus ojos, las líneas pulsaban al ritmo de los beats.
29 de abril de 2015
         Caí sobre la silla y crucé las manos delante del cuerpo, sobre la mesa que nos separaba a ambos. Él empezó a leer los papeles y yo me fijé en la pared salpicada de títulos que había a su espalda para matar el tiempo. Al cabo de un rato sólo se escuchaba el crujido de papeles y nuestras respiraciones disimuladas. ¿Sabes ese silencio en el que intentas fingir que no haces ningún ruido? Sí, ese, ese en el que parece que tragar saliva demasiado fuerte podría provocar un desprendimiento, no los soporto. Son el culmen de los silencios incómodos. Así que me puse recto en la silla y me animé para darle la versión resumida del escrito que le estaba presentando. Hablar es uno de esos ruidos que no se me da mal del todo:

linfocitos

         “Lo he estado pensando bastante” empecé, al principio mi voz sonó atronadora en el silencio. Él levantó la cabeza de los papeles y asintió, como si realmente le interesase mi historia, supongo que por educación. “Primero bastante jodido, ¿no? Ya que no consideraba para nada normal eso de ponerme malo mes sí y mes también, cogiendo cada  puto resfriado que se cruza en mi camino” al ver que no me cortaba, seguí más animado.
21 de abril de 2015
Me gustan las novelas gráficas, o los comics (no quiero entrar en esa pelea) y llevaba un tiempo queriendo conseguir Logout. Su portada me enamoró y al hojearlo por primera vez supe que no había sido un encaprichamiento, iba a ser amor verdadero.

logout portada


Esto no es una crítica literaria (de nuevo, disclaimer) es una opinión y una breve reseña sobre el aspecto que más me llamó la atención de Logout.
9 de abril de 2015
         El Gemekala se alejaba de la zona de batalla a toda velocidad. Tras el fulgor de sus motores quedaban los destellos de las explosiones nucleares entre el campo de escombros. Todo lo que quedaba de la flota, las naves dañadas a la deriva cuyos reactores en estado crítico detonaban antes de morir para siempre. En la sala de mando de su destructor, el Comandante observó las pantallas holográficas.

         Pensó en las tripulaciones, poco más que partículas carbonizadas flotando libremente en el vacío entre pedazos de fuselaje y gas ionizado. El enemigo lo había vuelto a hacer, habían utilizado armas termonucleares para crear una nube de plasma y engullir su flota. El Comandante se inclinó sobre las lecturas de radar e hizo un fuerte gesto de negación. Sólo el Gemekala había sobrevivido al combate.

invasores fotografía


         Se irguió en la sala de mando y dio media vuelta para salir. A su alrededor la tripulación intentaba reparar los daños sufridos a contrarreloj, bajo un baile de chispas y cableado en llamas. Una vez más la flota no había podido detener a los alienígenas, y ahora el Gemekala se batía en retirada dejando las colonias de Espara y sus quinientos millones de habitantes a merced del enemigo.
6 de abril de 2015
Creo en el trabajo interdisciplinar, y aunque esa palabreja suena a mucho no es más que aunar esfuerzos, compensar carencias para complementarse y sacar a la luz algo que valga la pena. Yo no sé dibujar, Alba Ramos sí. Ella no estudia japonés, yo sí. Hace poco le propuse hacer una ilustración con texto sobre la mitología de nuestros aborígenes, y Tibicenas es el resultado:

tibicenas


¿Por qué el texto en japonés? Bueno, en primer lugar, ¿por qué no? y segundo, siempre he querido ser pionero en algo, ¡y creo que es la primera vez que se elabora una ilustración con texto en japonés sobre la cultura aborigen canaria!


28 de marzo de 2015
Nota del autor: Muchas veces han dicho que la ciencia ficción existe para retratar nuestra sociedad o aspectos de esta al referenciarla. Y también para mostrar los temores y las predicciones de futuro de sus autores. Y aunque lo que sigue no es, desgraciadamente, ni inventado ni predicho (está pasando) sí que retrata aspectos de un porcentaje de nuestra sociedad, y además ilustra claramente un miedo mío: El de que todos nos volvamos pretenciosos imbéciles que atacan a los demás con aire de suficiencia y autoridad reivindicativa, para desquitarnos de alguna inseguridad o, aún más grave, de una simple preferencia personal que no tienen por qué tener el resto de personas del mundo.

metáfora


         Pero sería muy irónico combatir un artículo de ofendido, publicando un artículo ofendido. Invertir los puntos de vista que se hallan sesgados por una visión altamente dogmática es una gran manera de mostrarlos como lo que son (opiniones que se mueren por ser aceptadas y justificadas) y ridiculizarlos. ¿Por qué escribo todo esto, después de poner un título tan increíble como “No como coños”? Pues porque intento justificar que lo siguiente no sea un auténtico relato de ciencia ficción (y desearía que lo fuera) Se trata de una inversión de género a un elocuentísimo artículo publicado en Vice.com por Alison Stevenson y que parece una auténtica declaración de emancipación de la mujer. Eso es hasta que lo lees, entonces hiede un pelín a... ¿llamada de atención? ¿Berrinche por creer que se tiene una opinión impopular? ¿Jactancia por creer que se tiene una opinión impopular? Honestamente, no lo sé. Tienen el link al artículo íntegro al final de esta entrada.

23 de marzo de 2015
―No me jodas, ¡eres un hacker de esos!―María lo dijo con un tono de asombro infantil.

         Radko la miró entre la neblina de humo de tabaco y olor a fideos coreanos picantes que manó de su habitación en cuanto abrió la puerta. Ella señalaba con el flacucho brazo extendido-una miríada de pulseras de plástico chillonas sobre la piel morena-en dirección hacia la pantalla que había sobre el escritorio. Estaba apagada, asediada por ropa sucia y botes vacíos de Samyang Foods Buldalk Bokkeummyeon.

ordenador


―¡Qué dices!―Radko negó con la cabeza y se apartó de la puerta para dejarle pasar.

         María rodeó la cama deshecha y fue hasta la pantalla del ordenador apagado. Lo miró como una pieza de museo.
12 de marzo de 2015
Se va uno de los mejores, y además de mis favoritos. Terry Pratchett ha muerto a los 66 años, según se anuncia hoy. Poco a poco los medios van haciendose eco de la noticia. Me encantaría que fuera uno de esos bulos falsos de Internet, pero la información llega de su twitter y página oficial.



Autor de la saga de Mundo Disco, y auténtico crack en general, no es que me atreva a hacer una reseña sobre él. Seguro que otros mucho más informados las han colgado por la red.
16 de febrero de 2015
La guerra estalló en el año 258. Hasta entonces el conjunto de sistemas unidos por rutas comerciales, conocido como Anillo Áureo, era lo bastante próspero como para tener su propia cronología. Matiz, Gigante, Jovian y Aqueronte, sus ciclos sincronizados en años de trescientos días con veintidós horas estandar. Aislados del resto de sistemas estelares vecinos, menos poblados y decididamente más pobres, los estados del Anillo Áureo se entregaron a consolidar un entramado comercial y diplomático para asegurarse la estabilidad de unos mercados clave para una futura expansión sobre sus vecinos menos afortunados. Tensiones, problemas comerciales y pacificación de gobiernos locales eran resueltos con una mezcla de negociaciones y diplomacia de cañonera.


En el sexto mes del año 258(AA), una flota enviada desde el planeta principal del Sistema Aqueronte, del mismo nombre, entra en combate con las fuerzas defensivas de Aquilea Delta, en el Sistema Gigante. Por primera vez en la historia conocida se emite una declaración formal de guerra a escala planetaria. Todos contienen la respiración, temiendo que la deflagración se extienda al resto del Anillo. El comercio queda paralizado y las relaciones diplomáticas se congelan. Las flotas de Aqueronte asedian Aquilea Delta... 
11 de febrero de 2015
         Nathan dio vueltas al pequeño objeto cromado entre sus dedos, ignorando el ruido de la terminal del aeropuerto a su alrededor. Pasajeros de quince vuelos internacionales llamaban por teléfono, se despedían y se movían nerviosos a su alrededor. Guardó la discreta pieza metálica, si todo salía bien quizás sería la última vez que podría viajar en avión llevando uno de aquellos. Si salía bien. Vale que después de toda aquella movida del 11S las compañías aéreas y los gobiernos estaban estirando hasta límites insospechados la paranoia ciudadana, pero aquello, lo que pretendía el lobby, era casi demasiado.

nailclipper


         Un aviso de megafonía, era su vuelo. Se levantó y ajustó las solapas de su chaqueta antes de embarcar, le reconfortó el tacto del algodón teñido de negro. Caminó siguiendo la hilera de oficinistas trajeados, guiñó un ojo a la azafata por puro reflejo y, una vez dentro del Boeing 767, se sentó en su amplio asiento de primera clase. Volvió a sostener el objeto metálico entre los dedos, su supuesta arma. De seguir algún tipo de filosofía, un bushido, Nathan jamás habría aceptado el trabajo. Deshonroso para cualquier experto en armas era decir poco. En todo caso, de seguir una filosofía, la suya debería haber sido la de los mercenarios, y era bastante probable que no existiera. Un mercenario con principios inamovibles le sonaba como una contradicción. Pero sí que tenía orgullo, y aquel trabajo, aunque sorprendentemente bien pagado, se lo estaba hiriendo.

         En su faceta de experto en armamento, le contrataban para toda clase de cursos y demostraciones inverosímiles a gobiernos, generales y grupos paramilitares. De todas sus actuaciones esta se llevaba la palma. Guardó el metal empañado en el bolsillo. El avión despegó rumbo a Washington. Si los convencía a ellos, le habían dicho en el lobby, el resto de gobiernos del mundo les seguirían por puro reflejo y por no ser menos. Participaba, quizás, de la conspiración más estúpida y absurda que jamás hubiera tenido lugar. Mucho más estúpida aún que la de la licra premeditadamente debilitada en los albores de la obsolescencia programada.
3 de febrero de 2015
DISCLAIMER: Esto no es una crítica literaria, me gustaría que fuese simplemente una reseña. Es decir, un comentario que hago sobre algo que he leído, sin pararme a analizar su calidad literaria o sus méritos, ni nada de esas cosas que hacen los críticos pretenciosos. Porque no quiero ser un crítico. Vamos a entendernos, siempre he tenido la sensación de que un crítico es alguien que ha fracasado previamente como creador de aquello que ahora juzga, además de la vaga noción de que huelen mal. De ahí que me resista, y mucho, incluso a hacer una inocente reseña literaria sin más valor que el del comentario de un lector. Además me parece aburrido hablar de los aspectos formales, teóricos, que componen el grueso de cualquier crítica. Lo único que pretendo es dar a conocer aquello que mencione, junto con una pequeñísima y humilde opinión personal.

RESUMEN: Esto no es una crítica, yo no quiero ser un crítico. Huelen mucho a frustración y me resisto a caer en la tentación al menos hasta cumplir los cincuenta.

21 de enero de 2015
         Cuando la camarera dejó el plato sobre la mesa él lo observó como si se tratara de una delicada obra de arte. Aroma y estímulo visual se conjuraron, la boca se le hizo agua tan rápido que a duras penas pudo balbucear un “Gracias” a la chica después de tragar nada. Ray se quedó un segundo pasmado, rojo hasta las orejas, antes de mirar de nuevo a su mesa y olvidarlo todo.

         Trucha con lecho de cebolla caramelizada y piñones silvestres. Miró el ojo del pescado, como siempre decían que debía hacerse. Debía ser fresca, llegada como mucho hacía un par de horas a la lonja del puerto. No le dio más vueltas, hundió cuchillo y tenedor para saborear su premio. Aquello era su recompensa, sí. Siempre celebraba que había terminado un trabajo comiendo trucha de piscifactoría en el único restaurante de la ciudad que la traía fresca y que la preparaba a su gusto. Esbozó una sonrisa, masticando con la boca cerrada, diminutos pedacitos de trucha enredados en su bigote y perilla recortados. Acababa de ganar un millón novecientos mil y lo celebraba con un plato de 55, era un tipo de costumbres sencillas.

nataraja

      Cerró los ojos, estaba deliciosa. El contraste de sabores en el plato era perfecto para él, la suavidad de la textura del pescado tierno con el ligero crujir de los piñones... Se sorprendió a sí mismo en medio del restaurante poniendo una expresión de placer casi obscena. Luego rió, los demás se podían joder, había ganado suficiente como para comprar el garito.
16 de enero de 2015
¿Alguna vez se han preguntado a qué edad publicaron sus libros algunos de los grandes? ¿A qué edad triunfaron? ¿Estamos nosotros llegando tarde, o somos ambiciosos y queremos llegar demasiado temprano?

Es todo una cuestión de perspectiva, tanto lo de quiénes son esos grandes como lo de si es demasiado pronto o tarde. Sin embargo confesaré que yo si me lo he preguntado, muchas veces, y he encontrado este enlace de shortlist.com bastante interesante. Está en inglés, pero sirve para comparar y tener una perspectiva visual bastante completa. ¡Qué demonios! A mi me ha funcionado tal que así:

11 de enero de 2015
         Gimió con voz ronca, tratando inútilmente de que su cuerpo obedeciera. Abrió los ojos y estos lanzaron a su cerebro la imagen del pasillo en penumbra. En el suelo de madera polvoriento sólo se veían las marcas de infinitas rodaduras, las de la silla de ruedas sobre la que su cuerpo estaba desplomado. El sol casi no lograba filtrarse a través de las ventanas sucias, tapadas con cinta aislante pegada directamente al cristal.

silla automática

         Giró el cuello con esfuerzo y vio el pasillo pasar de largo, daba la sensación de que él era el eje y todo lo demás se movía a su alrededor. El pasillo desapareció, la puerta principal de la casa se abrió con un agudo chirrido de servomotores mecánicos y el sol le dio en la cara. No calentaba, y todo lo bañado por su luz parecía gris y mortecino, quizás era un defecto de sus ojos. Hacía mucho tiempo que el cuerpo había dejado de funcionarle correctamente, y los fallos tendían a apilarse de una manera mucho más constante y eficiente que las mejoras.
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