28 de septiembre de 2013
20:22
El
cauce del barranco se ensanchaba tanto que daba la sensación de que estaban en
un valle de arena fina franqueado por dos enormes paredes de roca. Una garganta
en pendiente suave, salpicada de matorrales y árboles pequeños, cuyas paredes
devolvían el eco de las ruidosas pardelas, en la por lo demás tranquila noche.
Tayri,
Anamar y Garfe estaban sentados alrededor del fuego, muy orgullosos observando
con ojos brillantes la hoguera que ellos mismos habían encendido. El Maestro Beselch
pasó junto a ellos, observó las brasas y asintió con aprobación atusándose la
larga barba trenzada. Sólo bastó aquel gesto del hombre para que Tayri tuviera
que ocultar una sonrisa triunfal. La muchacha se inclinó adelante y atrás,
sentada, mirando a sus dos compañeros.
Etiquetas:fantasía,relato-corto
27 de septiembre de 2013
15:49
Tengo que afrontarlo, la primera plantilla para este blog no tenía aspecto profesional, al menos no aspecto profesional de algo hecho después de los noventa. Ciudades del Futuro estrena en su corta vida una nueva plantilla mucho más moderna y acorde con la visión que tengo de este blog.
Despidamos todos a la sencilla plantilla original, que dio la cara cuándo nadie más podía hacerlo, su sencillo xml quedará para siempre grabado en mi corazón, y en una copia de seguridad, por si acaso. Pero tenía que cambiar (sobretodo si tenemos en cuenta mi trasfondo como desarrollador web) y seguirá cambiando. El fondo, la paleta de colores e incluso puede que algo de la distribución sufrirá cambios a lo largo de la próxima semana, hasta que pueda encontrar una combinación que me deje satisfecho y, sobretodo, que les guste a los lectores. Así que ahí entran ustedes, los comentarios siguen siendo anónimos, ¡y cualquier feedback es bienvenido!
Cuento esto no tanto para meter un post de relleno y alardear de la nueva plantilla (¿a que mola, eh, eh?) si no más bien para explicarte los sucesos poltergeist de los que puedas ser testigo. La cabecera y el fondo no están embrujadas, si bailan o cambian de color, incluso si los menús laterales dejan de ser menus laterales, todo ello se debe a que, desde alguna parte, una mente rampante está alterando el código y trasteando las texturas. Todo ello para satisfacer su concepto estético de este blog, esperando además que sea del agrado de todos.
¡Saludos!
Despidamos todos a la sencilla plantilla original, que dio la cara cuándo nadie más podía hacerlo, su sencillo xml quedará para siempre grabado en mi corazón, y en una copia de seguridad, por si acaso. Pero tenía que cambiar (sobretodo si tenemos en cuenta mi trasfondo como desarrollador web) y seguirá cambiando. El fondo, la paleta de colores e incluso puede que algo de la distribución sufrirá cambios a lo largo de la próxima semana, hasta que pueda encontrar una combinación que me deje satisfecho y, sobretodo, que les guste a los lectores. Así que ahí entran ustedes, los comentarios siguen siendo anónimos, ¡y cualquier feedback es bienvenido!
Cuento esto no tanto para meter un post de relleno y alardear de la nueva plantilla (¿a que mola, eh, eh?) si no más bien para explicarte los sucesos poltergeist de los que puedas ser testigo. La cabecera y el fondo no están embrujadas, si bailan o cambian de color, incluso si los menús laterales dejan de ser menus laterales, todo ello se debe a que, desde alguna parte, una mente rampante está alterando el código y trasteando las texturas. Todo ello para satisfacer su concepto estético de este blog, esperando además que sea del agrado de todos.
¡Saludos!
Etiquetas:presentacion
25 de septiembre de 2013
23:06
Actualizo con un relato corto, muy corto, igual habrá quienes discutan incluso si es un relato, me gustaría poder actualizar más a menudo pero está siendo una semana ajetreada. Como siempre, Internet es mi testigo y mi promesa es actualizar una vez más antes del Domingo. Ahí queda eso...
Vidas y Ventanas
################################
Eran cerca de las diez de la noche de
un día entre semana y Santa Cruz, lógicamente, ya estaba muerta. Él, nuestro
protagonista, era un chico desgarbado que además no tenía demasiadas energías
aquel día, así que tenemos que imaginarlo mucho más encorvado de lo que en
realidad sería, lánguido, hastiado... mustio, si queremos.
Se sentó en un banco de madera de la rambla,
y, como no tenía nada que hacer (ni siquiera pasaba gente a la que mirar) miró
las ventanas de los edificios frente a él. Lo hizo con ausencia de curiosidad y
ausencia de voyerismo, lo hizo... ausente.
Se fijó en una ventana de corredera, que iluminaba tenuemente la desgastada y
cálida pintura amarilla del exterior.
Una presencia, una sombra femenina recortada
contra la luz de la ventana, se asomó al tendedero endeble y colgó una camiseta
deportiva. Él de pronto sintió curiosidad, cientos de preguntas sobre la vida
de aquella silueta, de aquella mujer, le asaltaron la mente ausente y
desprevenida. ¿Acababa de salir del trabajo? ¿Tenía trabajo? Era guapa, morena y joven, todo eso se lo desveló la
silueta cuando sus ojos se acostumbraron al contraluz.
Él también era moreno, joven... y guapo,
joder. Pero no tenía vida tras una ventana, nadie podría espiarle jamás
inocentemente de soslayo. Vivía aún con sus padres. Triste y patético destino a
los veinticuatro, seguido de un sinfín de incomodidades que le recordaban lo
infantiloide de su situación. Si quería follar, le tenía que cuadrar el horario
para que no hubiera gente en la casa. Si quería estar desnudo, o cantar, o
levantarse a escribir a las dos de la madrugada, más le valía hacerlo en su
cuarto-jaula. Su cuarto-jaula de techo oscuro y demasiado bajo.
Ante esto, como todo aquel que está
puteado, tuvo que reflexionar y buscar al culpable, mirando ahora a la ventana
vacía. (¿Había ido a ver la tele? ¿A cenar?) La sociedad, y no él, había
fallado su parte del contrato tácito. Se había formado, había estudiado con
mayor o menor diligencia y tenía un título, un número de la seguridad social y
una disposición casi suplicante a convertirse en asalariado. Pero toda esta inversión
de años, el esfuerzo, y los personajes de dibujos animados diciéndote que
podías llegar a ser lo que fuera que te propusieras ser, a él y a tantos otros,
no le servía para un carajo.
Ahora fue consciente de que formaba
parte de una legión de desterrados, que tienen que mirar con una envidia
melancólica las ventanas ajenas, tratando de vislumbrar felices y sencillas
vidas tras las cortinas, negadas a ellos.
Etiquetas:no-ficción,relato-corto
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