26 de diciembre de 2014
La ciudad nunca dormía, así que resultaba díficil saber si era temprano o tarde por la intensidad del tráfico o la cantidad de gente en las calles. Pero podía deducirse por el tono del cielo, ahora rojizo y opaco, y por el tipo de personas que saturaban las aceras. La mayoría en aquel momento eran hombres y mujeres trajeados, el backbone de las corporaciones que tenían sus sedes en la ciudad. En la zona de negocios (aunque toda la ciudad era un gran negocio) las calles se abrían en grandes avenidas de tres carriles con ramblas llenas de árboles de un verde natural. La vegetación quedaba artificial en aquel reino de los ocres, el blanco aséptico y los brillos metalizados.