28 de noviembre de 2014
Me temo que, durante dos semanas, no podré mantener el ritmo de publicación acostumbrado. Vale, no es que fuera muy increíble, pero era un rítmo de publicación. Este post es para dar una brevísima explicación, sobre la brevísima pausa.

Logo del Noken

Los que me conocen, que son la mayoría de lectores del blog, ya deben saber de qué va todo. Por eso de mis gritos histéricos... El caso es que estaré en Barcelona esas casi dos semanas, porque me gusta meterme en fregados y sacarse un examen oficial de japonés es todo un buen fregado.

¡Un saludo!
19 de noviembre de 2014
         Con el cambio climático La Laguna volvió a hacer honor a su nombre. Las tormentas constantes inundaban la ciudad y el agua turbia reclamó su lugar engullendo los adosados de los adinerados. En el centro, la lluvia ácida caía con inclemencia sobre Zero. Las gotitas de color óxido le dejaban un residuo marrón sobre la chaqueta de cuero. Se echó la capucha sobre la cabeza y caminó por las pasarelas con columnas bajo los enormes edificios. No lograban evitar que la lluvia, empujada por un viento lateral, diese contra la marea humana que intentaba refugiarse del tiempo inclemente. Los coches eléctricos pasaban con un zumbido, dejando como rastro géiseres de agua sucia que empapaban a quienes estaban demasiado cerca de la calzada.

         Zero se arrebujó en la chupa de cuero, protegido de las miradas por la capucha, y caminó encogido entre la gente con las manos en los bolsillos. Prestaba especial atención a los paraguas de aristas afiladas, llevados por peligrosísimas sexagenarias que lo ponían justo a la altura perfecta para sacarle un ojo. Su segunda prioridad era vigilar a los carteristas marroquíes y las atracadoras rumanas, que atraían con el canto de sirena de sus faldas de vinilo en colores chillones, poco más anchas que un cinturón.

Interfaz Visual

         Pero él estaba de vuelta de todo eso, miraba con una mezcla de asco, envidia y piedad al resto de sus congéneres, esquivándolos para llegar lo antes posible a la estación del tranvía. Aún con las manos en los bolsillos, Zero se tocó el paladar, justo detrás de las paletas, con la lengua. Con aquel movimiento se activó una respuesta gestual en su cerebro. Finísimas líneas de fósforo verde atravesaron su campo visual, injertadas directamente al nervio óptico gracias a la placa de silicio de 35nm que tenía detrás de la oreja derecha, incrustada en el hueso.
12 de noviembre de 2014
Año 100

         La chica dejó las flores sobre el granito perlado de rocío. Miró el cartelito de bronce de la tumba sin saber bien que hacer. Ella no creía en todo aquello de la otra vida. ¿Realmente tenía que ponerse a hablar sola, como en las películas? Se agarró la camiseta, la imagen de Freddie Mercury con chaqueta amarillo chillón se deformó cuando tiró del tejido. Quedó muda, mirando las letras grabadas al ácido en el bronce. Su lengua jugó con el aro de cromo que le atravesaba el labio inferior.

         Lo de las flores podía entenderlo, una señal de respeto para los vivos, un ritual de recuerdo. Pero lo de hablar, simplemente no iba a salirle, igual que las lágrimas que tenía contenidas. Su madre estaba muerta y allí sólo había un cadáver bajo un par de metros de hormigón y un nombre que ya no significaba nada. Ladeó la cabeza, después se giró cuando sintió que alguien se le acercaba.

epsilon eridani


         Era un tipo de su edad, vestido con uniforme militar de fatiga de la marina. La chaqueta estaba sucia, tenía las mejillas cubiertas de barba rasposa mal cuidada, los ojos marrones enmarcados en grandes ojeras la miraban con interés. Ella se apartó un paso de la tumba.