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11 de octubre de 2013

La guerra que todos estaban esperando

         Aunque la estructura de los subsistemas inferiores soltaba los mismos crujidos metálicos, el mismo sonido del aire soplando entre las pasarelas suspendidas cincuenta metros sobre el agua, ahora a Fer le parecían presagiar el inminente desplome del Centenario. Era una sensación comprensible, teniendo en cuenta el sonido lejano y constante del barco de guerra desconocido, junto a las explosiones y disparos que retumbaban ocasionalmente.  

         Una vibración sacudió la pasarela por la que corrían, el técnico se aferró con fuerza al pasamanos metálico rugoso por el salitre y miró hacia abajo, al barco gris y amenazante que flotaba inmóvil sobre el azul del mar. Le parecía cada vez más grande.




―¿Quieres moverte? ¡Vamos!―le espetó Carlos, el soldado acompañó sus palabras de un golpe en el hombro de Fer. 
1 de octubre de 2013

El Centenario

         Carlos se asomó por encima del parapeto blindado de 1,20 y escupió a las centelleantes olas. Cincuenta metros por debajo de él las aguas azul profundo del Océano Atlántico se agitaban con crestas espumosas, como si trataran de alcanzar la masiva estructura del Puente. ¿Estaba furioso el mar, quizás? ¿Frustrado por la mano del hombre que una vez más le había desafiado? Eso le parecía a él, pero Carlos era un poco animista.

         Aquella mañana fría y húmeda el cielo estaba vacío, sin nubes, y de un azul pálido con tintes de ámbar. En días como aquellos podían verse claramente ambas islas en el horizonte. Carlos miró a izquierda y derecha, tratando de distinguir las siluetas de montañas entre la niebla, lejos a cada lado. Sonrió, y agarró el parapeto de metal salpicado de salitre como si con ello quisiera reforzar la sólida y masiva estructura.



El Puente Memorial Centenario conectaba las islas de Gran Canaria y Tenerife, una gruesa estructura flexible de más de sesenta y cinco kilómetros de titanio, acero y nanotubos de fibra de carbono. La gigantesca obra de ingeniería tenía un único pilar de soporte central en el kilómetro cuarenta (contando desde Santa Cruz). Lo habían construido hacía cincuenta y seis años, en un esfuerzo conjunto de ambas Federaciones, para marcar con su inauguración el centenario de la independencia, y para demostrar que podían hacerlo. De ahí su original y grandilocuente nombre, pero la mayoría de la gente se refería a él simplemente como El Centenario.