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27 de enero de 2014
El 0xb73eb000 era un bar bastante peculiar, para empezar era una dirección de memoria, pero incluso para los estándares del mundo digital era un bar raro. No era como el 0xa120d327, un espacio respetable y bien conectado. No, en absoluto, si el enorme conjunto de memoria en ejecución fuera una gran ciudad el 0xb73eb000 estaría en un callejón apartado y sucio, en el bajo de un edificio casi en ruinas...

CURRENT_USER suspiró y abrió la puerta de entrada. El interior de la estancia estaba iluminado con neones azules, cargada de humo grisáceo que provocaba curiosos juegos de color en la interacción de las partículas con la luz, sonaba una música electrónica que bien podría haber compuesto Yuzo Koshiro en los noventa. Se encogió de hombros, bastante retro. Los parroquianos no repararon en él, hacían lo que en todos los bares del universo: estar cabizbajos y llevarse meditabundamente vasos llenos a la boca. Sí, era un mundo digital y realmente no estaban bebiendo, pero sería demasiado complejo describir qué estaban haciendo exactamente…  era equivalente ya que terminaban exactamente igual: con menos capacidad de procesado y arrepentidos de los errores aún en memoria.



         Fue hacia el único hueco aún libre de la barra, en una esquina junto a un personaje sin las texturas cargadas, pero con una generosa cuenta de polígonos, con forma humana y unos brillantes ojos tristes. CURRENT_USER se apoyó delicadamente en la barra de color rojo incandescente y le miró disimuladamente. Descubrió, demasiado tarde, que su vecino sin texturas estaba en esa fase de la borrachera, la que consiste en recitar tu autobiografía en voz alta al primer desgraciado que se te acerque, mientras lo invitas a copas.

17 de septiembre de 2013
Valkador, el imponente demonio alado, sobrevoló el infierno gris e ingrávido que era su dimensión. El ser observó complaciente sus gigantescos dominios, que se extendían hasta donde sus profundos ojos negros podían alcanzar. Su afilado pico en forma de alargada lanza quitinosa, dura, rugosa y gris, apuntaba hacia la inmensidad, hacia el poder, hacia el futuro.

En su vuelo, pasó entonces por un lugar desolador: la tierra se estremecía quejumbrosa, bajo su superficie podía oler los ríos de sangre caliente que fluían como si de lava fundida se tratase. Valkador, que adoraba aquellos parajes de sufrimiento, descendió haciendo círculos, sus potentes alas correosas provocando aullidos de banshee al agitarse. Escuchaba la tierra agrietada y palpitante respirar bajo él, posó con sus seis alargadas patas terminadas en  garras y se sintió hambriento ante tanta sangre. Valkador hundió su robusto pico-lanza en la tierra palpitante, la sangre salpicó en su rostro de pesadilla y se esparció por doquier. Con un gruñido de júbilo empezó a absorber el hirviente brebaje hasta quedar saciado, después levantó el vuelo de nuevo hacia la oscuridad de sus dominios.

Todo se hizo luz, Valkador sintió por primera vez en su siniestra y poderosa existencia lo que era el miedo, la luz ¡la luz cegadora y terrible! Sus sensibles ojos oscuros apenas podían ver con tanta luminosidad. El demonio comenzó a aletear violentamente mientras gruñía de furia, se posó en uno de tantos suelos de aquel mundo ingrávido, duro y frío, y empezó a toser al tiempo que maldecía. Una gigantesca sombra se abalanzó sobre Valkador y aplastó al demonio contra el suelo antes de que pudiera reaccionar, esparciéndolo y retorciéndolo por la superficie hasta que se convirtió en una pasta grisácea, uniforme y sanguinolenta.

Abián continuó retorciendo el trapo contra la pared, borrando a aquel miserable mosquito de la existencia con rencor mientras se miraba la picadura del brazo, después lo levantó y observó con satisfacción que la ruidosa e insignificante criatura había quedado reducida a una manchita de grasa y su propia sangre contra la pared, arrojó el paño, evitó rascarse la picadura y se volvió a la cama con una sonrisa de siniestra satisfacción. ¡Estúpidos, estúpidos mosquitos!