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11 de junio de 2015
               ¿Qué no era capaz? Quizás el Paulo que no llevaba cinco vodkas, pero él sí. Se encaramó al bordillo y vio como todos le miraban desde abajo. Esbozó una sonrisa, giró un poco la cabeza y con gesto grandilocuente le alargó el botellín a Tony.

―Sujétame la cerveza, que voy...

         Dio el salto, perdió el equilibrio y se quedó sin respiración. Sólo escuchó los gritos de la gente, después un parón brusco y ruido de muchas cosas blandas y viscosas rompiéndose. Parada cardiorrespiratoria y fundido a negro.

         Cuando volvió a abrir los ojos Paulo tenía ante sí un mostrador y un recepcionista. Estaba en un vestíbulo mal iluminado de un edificio que por lo menos tenía cincuenta años. El papel pintado de las paredes en algún momento había sido alegre, y ahora estaba cubierto con carteles de ánimo y de conciertos bandas de garaje cuyos nombres no había escuchado jamás. Bastante deprimente, más aún por el hecho de que intentaba no serlo, y de que no sabía cómo había llegado allí.

pasillo


         Llevaba desde que abrió los ojos sin respirar, inspiró en un extraño reflejo, fue entonces cuando descubrió que podía simular la acción pese a no necesitar aire. Parpadeó un par de veces, incrédulo. El recepcionista le hizo un gesto para que se acercase, camisa larga y desteñida, pelo engominado y gafas de pasta. Aquello no encajaba.
29 de abril de 2015
         Caí sobre la silla y crucé las manos delante del cuerpo, sobre la mesa que nos separaba a ambos. Él empezó a leer los papeles y yo me fijé en la pared salpicada de títulos que había a su espalda para matar el tiempo. Al cabo de un rato sólo se escuchaba el crujido de papeles y nuestras respiraciones disimuladas. ¿Sabes ese silencio en el que intentas fingir que no haces ningún ruido? Sí, ese, ese en el que parece que tragar saliva demasiado fuerte podría provocar un desprendimiento, no los soporto. Son el culmen de los silencios incómodos. Así que me puse recto en la silla y me animé para darle la versión resumida del escrito que le estaba presentando. Hablar es uno de esos ruidos que no se me da mal del todo:

linfocitos

         “Lo he estado pensando bastante” empecé, al principio mi voz sonó atronadora en el silencio. Él levantó la cabeza de los papeles y asintió, como si realmente le interesase mi historia, supongo que por educación. “Primero bastante jodido, ¿no? Ya que no consideraba para nada normal eso de ponerme malo mes sí y mes también, cogiendo cada  puto resfriado que se cruza en mi camino” al ver que no me cortaba, seguí más animado.
28 de marzo de 2015
Nota del autor: Muchas veces han dicho que la ciencia ficción existe para retratar nuestra sociedad o aspectos de esta al referenciarla. Y también para mostrar los temores y las predicciones de futuro de sus autores. Y aunque lo que sigue no es, desgraciadamente, ni inventado ni predicho (está pasando) sí que retrata aspectos de un porcentaje de nuestra sociedad, y además ilustra claramente un miedo mío: El de que todos nos volvamos pretenciosos imbéciles que atacan a los demás con aire de suficiencia y autoridad reivindicativa, para desquitarnos de alguna inseguridad o, aún más grave, de una simple preferencia personal que no tienen por qué tener el resto de personas del mundo.

metáfora


         Pero sería muy irónico combatir un artículo de ofendido, publicando un artículo ofendido. Invertir los puntos de vista que se hallan sesgados por una visión altamente dogmática es una gran manera de mostrarlos como lo que son (opiniones que se mueren por ser aceptadas y justificadas) y ridiculizarlos. ¿Por qué escribo todo esto, después de poner un título tan increíble como “No como coños”? Pues porque intento justificar que lo siguiente no sea un auténtico relato de ciencia ficción (y desearía que lo fuera) Se trata de una inversión de género a un elocuentísimo artículo publicado en Vice.com por Alison Stevenson y que parece una auténtica declaración de emancipación de la mujer. Eso es hasta que lo lees, entonces hiede un pelín a... ¿llamada de atención? ¿Berrinche por creer que se tiene una opinión impopular? ¿Jactancia por creer que se tiene una opinión impopular? Honestamente, no lo sé. Tienen el link al artículo íntegro al final de esta entrada.

26 de octubre de 2014
                 Joan se acercó peligrosamente a la pantalla del ordenador, sus retinas se quejaron. Trató de esforzarse en distinguir algo en la foto borrosa, pixelada y mal enfocada que le habían mandado. Era parte del trabajo, se había hecho un hueco en el mundo de lo paranormal. Su blog era seguido por cientos de personas y el auto-proclamado investigador recorría toda la península con su Ford en busca de misterios. Así que ya tenía su experiencia con fotos borrosas y datos inconclusos. De hecho para él un misterio publicable era aquel lo bastante ambiguo como para que falsarlo costase un trabajo empírico considerable que sólo los más acérrimos anti charlatanes estarían dispuestos a hacer gratis.

chica fantasma


         Miró de nuevo la foto: blanco y negro (¡cómo no!) sacada por alguien con el pulso de Michael J. Fox y la capacidad de encuadre de Ed Wood. Había en el centro una figura que parecía humana, vestida con algo blanco. Quizás un vestido, quizás una sábana vieja... Llevaba el pelo largo y en el óvalo desenfocado que podía ser su cabeza brillaban siniestramente dos puntos de luz, ¿ojos?