23 de abril de 2014
         Ayer era 22 de Abril del 2014, pero, por un día, me obligué a volver a mi 1997. Elegí aquel año por ser de los últimos que recordaba sin tener ordenador, sin participar en el mundo digital entonces en auge. ¿Ya había ocurrido la caída de Terra y toda aquella locura? Bueno, no me acuerdo, pero sí sé que Matrix aún no había salido. En realidad no lo hice por ninguna razón moral o ideológica. La noche antes mis ojos torturados gritaron basta, con un asalto de visión borrosa, y exigieron al menos 24 horas alejados del adictivo combo pantalla-teclado.


         ¿Lo han hecho alguna vez? Eso de estar todo un día sin ordenador. No cuando salen, o cuando están ocupados. No, hablo de cancelar el ordenador un día normal, uno de esos en el que pasan varias horas en casa, y habitualmente se sentarían delante del PC al menos un rato. Confieso que a las primeras cuatro horas o así de estar despierto ya empecé a sentirme un pelín como un... adicto. Adicto, tengo la ligera sospecha de haber sido adicto a algunas otras cosas a lo largo de los años, pero no estoy del todo seguro. Por otra parte, sólo estás seguro de que eres adicto a algo cuando entras en detox, y yo, por ahora, me he librado del peregrinaje.  
18 de marzo de 2014
Más o menos seis lunas antes de la gran fiesta de la cosecha, el Beñesmer, llegaba la época de copiosas lluvias. Con ella nubes negras de tormenta llegaban desde el mar, y la bruma bajaba de las montañas lamiendo laderas, montes y costas. Durante semanas el cielo descargaba sobre la tierra el agua tan necesaria, mientras los truenos retumbaban en las alturas y los rayos iluminaban el cielo oscuro, veladas las estrellas. La isla se volvía entonces inhóspita: La vegetación crecía salvaje por doquier, los cauces de barrancos se convertían en ríos caudalosos, capaces de arrastrar ganado y hombres. El frío y la humedad se convertían en un peligro desde que caía el poderoso sol, obligando a todos a tomar refugio. Y, si además se hacía caso a las viejas, era en esas épocas de tormenta cuando vagaban por el mundo los tibicenas y otros entes maléficos, atraídos por la ausencia de luz.



         Anamar y Garfe se preguntaban en silencio que tendrían de verdad estas últimas habladurías, aunque no lo reconocerían jamás, pues ya habían cumplido los diecinueve y eran hombres. Estaban encogidos junto a una pequeña hoguera, refugiados de la tormenta bajo un saliente de roca cubierta de musgo que chorreaba agua. Las lechuzas que ululaban entre la lluvia quedaron mudas cuando un trueno retumbó tan cerca que hizo vibrar el aire. Ambos guerreros se encogieron por un segundo y después recuperaron la compostura. Se lanzaron sendas miradas de “Yo no me he asustado, ¿y tú?” luego se apretujaron contra las llamas, sujetando disimuladamente sus armas, oteando la oscuridad que lo engullía todo más allá de su refugio bajo la roca y la densa cortina de agua. El ruido de la lluvia cayendo con fuerza y la vegetación agitada por el viento enturbiaban cualquier otro sonido. Se sentían ciegos y sordos, algo con lo que nadie estaría cómodo. 

27 de enero de 2014
El 0xb73eb000 era un bar bastante peculiar, para empezar era una dirección de memoria, pero incluso para los estándares del mundo digital era un bar raro. No era como el 0xa120d327, un espacio respetable y bien conectado. No, en absoluto, si el enorme conjunto de memoria en ejecución fuera una gran ciudad el 0xb73eb000 estaría en un callejón apartado y sucio, en el bajo de un edificio casi en ruinas...

CURRENT_USER suspiró y abrió la puerta de entrada. El interior de la estancia estaba iluminado con neones azules, cargada de humo grisáceo que provocaba curiosos juegos de color en la interacción de las partículas con la luz, sonaba una música electrónica que bien podría haber compuesto Yuzo Koshiro en los noventa. Se encogió de hombros, bastante retro. Los parroquianos no repararon en él, hacían lo que en todos los bares del universo: estar cabizbajos y llevarse meditabundamente vasos llenos a la boca. Sí, era un mundo digital y realmente no estaban bebiendo, pero sería demasiado complejo describir qué estaban haciendo exactamente…  era equivalente ya que terminaban exactamente igual: con menos capacidad de procesado y arrepentidos de los errores aún en memoria.



         Fue hacia el único hueco aún libre de la barra, en una esquina junto a un personaje sin las texturas cargadas, pero con una generosa cuenta de polígonos, con forma humana y unos brillantes ojos tristes. CURRENT_USER se apoyó delicadamente en la barra de color rojo incandescente y le miró disimuladamente. Descubrió, demasiado tarde, que su vecino sin texturas estaba en esa fase de la borrachera, la que consiste en recitar tu autobiografía en voz alta al primer desgraciado que se te acerque, mientras lo invitas a copas.