23 de abril de 2014
11:47
Ayer era 22 de
Abril del 2014, pero, por un día, me obligué a volver a mi 1997. Elegí aquel
año por ser de los últimos que recordaba sin tener ordenador, sin participar en
el mundo digital entonces en auge. ¿Ya había ocurrido la caída de Terra y toda
aquella locura? Bueno, no me acuerdo, pero sí sé que Matrix aún no había salido.
En realidad no lo hice por ninguna razón moral o ideológica. La noche antes mis
ojos torturados gritaron basta, con un asalto de visión borrosa, y exigieron al
menos 24 horas alejados del adictivo combo pantalla-teclado.
¿Lo han hecho
alguna vez? Eso de estar todo un día sin ordenador. No cuando salen, o cuando
están ocupados. No, hablo de cancelar el ordenador un día normal, uno de esos
en el que pasan varias horas en casa, y habitualmente se sentarían delante del
PC al menos un rato. Confieso que a las primeras cuatro horas o así de estar
despierto ya empecé a sentirme un pelín como un... adicto. Adicto, tengo la
ligera sospecha de haber sido adicto a algunas otras cosas a lo largo de los años,
pero no estoy del todo seguro. Por otra parte, sólo estás seguro de que eres adicto
a algo cuando entras en detox, y yo,
por ahora, me he librado del peregrinaje.
Etiquetas:libro
18 de marzo de 2014
18:37
Más o menos seis lunas antes de la gran fiesta de la
cosecha, el Beñesmer, llegaba la época de copiosas lluvias. Con ella nubes
negras de tormenta llegaban desde el mar, y la bruma bajaba de las montañas
lamiendo laderas, montes y costas. Durante semanas el cielo descargaba sobre la
tierra el agua tan necesaria, mientras los truenos retumbaban en las alturas y
los rayos iluminaban el cielo oscuro, veladas las estrellas. La isla se volvía
entonces inhóspita: La vegetación crecía salvaje por doquier, los cauces de barrancos
se convertían en ríos caudalosos, capaces de arrastrar ganado y hombres. El frío
y la humedad se convertían en un peligro desde que caía el poderoso sol, obligando
a todos a tomar refugio. Y, si además se hacía caso a las viejas, era en esas
épocas de tormenta cuando vagaban por el mundo los tibicenas y otros entes
maléficos, atraídos por la ausencia de luz.
Anamar y Garfe
se preguntaban en silencio que tendrían de verdad estas últimas habladurías,
aunque no lo reconocerían jamás, pues ya habían cumplido los diecinueve y eran hombres. Estaban encogidos junto a una
pequeña hoguera, refugiados de la tormenta bajo un saliente de roca cubierta de
musgo que chorreaba agua. Las lechuzas que ululaban entre la lluvia quedaron
mudas cuando un trueno retumbó tan cerca que hizo vibrar el aire. Ambos
guerreros se encogieron por un segundo y después recuperaron la compostura. Se
lanzaron sendas miradas de “Yo no me he
asustado, ¿y tú?” luego se apretujaron contra las llamas, sujetando
disimuladamente sus armas, oteando la oscuridad que lo engullía todo más allá
de su refugio bajo la roca y la densa cortina de agua. El ruido de la lluvia cayendo
con fuerza y la vegetación agitada por el viento enturbiaban cualquier otro
sonido. Se sentían ciegos y sordos, algo con lo que nadie estaría cómodo.
Etiquetas:relato-corto
27 de enero de 2014
12:19
El
0xb73eb000 era un bar
bastante peculiar, para empezar era una dirección de memoria, pero incluso para
los estándares del mundo digital era un bar raro. No era como el 0xa120d327, un
espacio respetable y bien conectado. No, en absoluto, si el enorme conjunto de
memoria en ejecución fuera una gran ciudad el 0xb73eb000 estaría en
un callejón apartado y sucio, en el bajo de un edificio casi en ruinas...
CURRENT_USER suspiró y abrió la
puerta de entrada. El interior de la estancia estaba iluminado con neones
azules, cargada de humo grisáceo que provocaba curiosos juegos de color en la
interacción de las partículas con la luz, sonaba una música electrónica que
bien podría haber compuesto Yuzo Koshiro en los noventa. Se encogió de hombros,
bastante retro. Los parroquianos no
repararon en él, hacían lo que en todos los bares del universo: estar
cabizbajos y llevarse meditabundamente vasos llenos a la boca. Sí, era un mundo
digital y realmente no estaban
bebiendo, pero sería demasiado complejo describir qué estaban haciendo
exactamente… era equivalente ya que
terminaban exactamente igual: con menos capacidad de procesado y arrepentidos
de los errores aún en memoria.
Fue hacia el único hueco aún libre de
la barra, en una esquina junto a un personaje sin las texturas cargadas, pero
con una generosa cuenta de polígonos, con forma humana y unos brillantes ojos
tristes. CURRENT_USER se apoyó delicadamente en la barra de color rojo
incandescente y le miró disimuladamente. Descubrió, demasiado tarde, que su
vecino sin texturas estaba en esa fase
de la borrachera, la que consiste en recitar tu autobiografía en voz alta al
primer desgraciado que se te acerque, mientras lo invitas a copas.
Etiquetas:relato-corto,surreal
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